 Jubilarnos, sí, cuando la arboleda semeje larga, cuando las rodillas se doblen y no aguanten el cuerpo; cuando aporreemos el teclado con dedos temblorosos; cuando no distingamos las teclas, las ideas, cuando las frases se nublen y el horizonte nos abrace. Jubilarnos, sí, cuando el aliento falle y el viento nos tumbe. Jubilarnos agotados la víspera de partir, con tiempo justo para preparar el largo viaje, para hacer la maleta, para echar un guiño al Cielo…; con tiempo medido para estrechar a los cercanos, saludar los árboles, acariciar el perro y bendecir la vida. |
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